El efecto renacer: cuando una tragedia transforma la manera de vivir
Tras una tragedia, algunas personas experimentan cambios profundos en sus prioridades, relaciones y forma de valorar la vida, un fenómeno conocido en la psicología como crecimiento postraumático.
Una tragedia puede alterar por completo la vida de una persona, pero en algunos casos sus efectos no se limitan al dolor, la pérdida o el miedo. Con el paso del tiempo, también pueden surgir cambios positivos en la manera de pensar, relacionarse y valorar la vida.
Ese fenómeno es conocido en la psicología como crecimiento postraumático, aunque también puede describirse de una forma más sencilla como el efecto renacer.
Se trata de una transformación que algunas personas experimentan después de atravesar situaciones particularmente difíciles, como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, un accidente, una separación, un desastre natural o cualquier acontecimiento que rompa de manera abrupta la sensación de estabilidad.

El fenómeno no supone que una tragedia sea algo positivo ni que todas las personas tengan que encontrar una enseñanza después de sufrir. Tampoco significa que el dolor desaparezca.
Lo que ocurre, en algunos casos, es que la experiencia obliga a la persona a replantearse aspectos de su vida que anteriormente daba por sentados.
Entre los cambios que pueden surgir se encuentra una mayor valoración de la vida cotidiana.
Después de enfrentar una situación extrema, algunas personas comienzan a prestar mayor atención a cosas que antes parecían rutinarias: compartir con la familia, disfrutar de un día tranquilo, realizar una llamada pendiente o simplemente disponer de tiempo.
También pueden cambiar las prioridades.
El trabajo, las relaciones personales, el dinero y las preocupaciones del día a día pueden comenzar a ocupar un lugar diferente después de una experiencia que confronta directamente a una persona con la pérdida o con su propia vulnerabilidad.
Otro de los efectos puede observarse en las relaciones.
Atravesar momentos difíciles permite, en ocasiones, identificar quiénes permanecen cerca durante una crisis. Eso puede fortalecer algunos vínculos y provocar que otros pierdan importancia.
También puede aparecer una nueva percepción sobre la propia capacidad para enfrentar dificultades.
Personas que inicialmente pensaron que no podrían superar determinada situación descubren, con el tiempo, que fueron capaces de continuar. Esa experiencia puede generar una sensación mayor de fortaleza personal ante futuros problemas.
En otros casos, una tragedia puede producir cambios más profundos.
Algunas personas deciden cambiar de profesión, comenzar un proyecto, dedicar más tiempo a su familia, involucrarse en una causa o modificar completamente el rumbo que llevaban.
DSin embargo, crecimiento y sufrimiento no son conceptos opuestos.
Una persona puede continuar sintiendo tristeza, miedo o nostalgia mientras reconoce que la experiencia también modificó positivamente ciertos aspectos de su vida.
Por eso, hablar del efecto renacer no significa romantizar una tragedia.
Nadie necesita sufrir para aprender a valorar la vida.
Pero cuando ocurre aquello que nunca hubiéramos querido vivir, la capacidad humana para adaptarse puede producir resultados inesperados.
En ocasiones, después de que una experiencia rompe la vida tal como la conocíamos, comienza lentamente un proceso de reconstrucción.
Y aunque nunca borre lo ocurrido, esa reconstrucción puede terminar cambiando la manera en que una persona decide vivir lo que viene después.




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