¿Influenza o resfriado común? Cómo reconocer las diferencias y cuándo buscar atención médica
Aunque ambas enfermedades comparten síntomas, la influenza puede provocar complicaciones graves, especialmente en niños pequeños, adultos mayores y personas con condiciones crónicas.
La aparición de tos, congestión nasal, dolor de garganta y fiebre puede generar dudas sobre si se trata de un resfriado común o de influenza. Aunque ambas son enfermedades respiratorias contagiosas, existen diferencias en la intensidad de sus síntomas, su evolución y los riesgos que representan para la salud.
La influenza es causada por los virus de la influenza, mientras que el resfriado común puede ser provocado por distintos virus respiratorios, entre ellos los rinovirus.

¿Cómo identificar las diferencias?
El resfriado común suele comenzar gradualmente. Sus síntomas más frecuentes incluyen estornudos, congestión nasal, secreción de mucosidad, dolor de garganta y tos. En la mayoría de los casos, las molestias son leves y mejoran sin necesidad de tratamiento médico especializado.
La influenza, por el contrario, generalmente presenta síntomas de manera repentina. Una persona puede experimentar fiebre, escalofríos, dolores musculares intensos, dolor de cabeza, tos y cansancio significativo.
Sin embargo, no todas las personas con influenza desarrollan fiebre. Además, la intensidad de los síntomas por sí sola no permite confirmar cuál de las dos enfermedades está presente.
El COVID-19 y otros virus respiratorios también pueden producir manifestaciones similares, por lo que en determinadas circunstancias puede ser necesario realizar pruebas diagnósticas.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de complicaciones?
Aunque cualquier persona puede contraer influenza, los adultos de 65 años o más, los niños menores de cinco años, las embarazadas y las personas con asma, diabetes, enfermedades cardíacas o sistemas inmunitarios debilitados enfrentan mayores riesgos.
Entre las posibles complicaciones se encuentran la neumonía, el empeoramiento de enfermedades preexistentes y la hospitalización.
Las personas con mayor riesgo deben contactar a su médico tan pronto desarrollen síntomas compatibles con influenza, incluso si inicialmente son leves. Los medicamentos antivirales pueden reducir las complicaciones y resultan más efectivos cuando se administran temprano.
Medidas para evitar los contagios
La vacunación anual contra la influenza constituye una de las principales herramientas de prevención. También se recomienda lavarse las manos frecuentemente, cubrirse al toser o estornudar, mejorar la ventilación de los espacios interiores y evitar el contacto cercano con personas enfermas.
Quienes presenten síntomas respiratorios deben permanecer en casa hasta que, durante al menos 24 horas, sus síntomas hayan mejorado y no hayan tenido fiebre sin utilizar medicamentos para reducirla.
Durante los cinco días siguientes, conviene mantener precauciones adicionales, como utilizar mascarilla, mejorar la ventilación y evitar el contacto cercano con personas vulnerables.
¿Cuándo buscar atención médica?
La dificultad para respirar, el dolor o presión persistente en el pecho, la confusión, las convulsiones y los signos de deshidratación requieren atención médica inmediata.
En los niños también deben vigilarse la respiración acelerada, la falta de lágrimas al llorar y la disminución de orina. Cualquier fiebre en un bebé menor de 12 semanas requiere evaluación inmediata.
Si la fiebre o la tos mejoran, pero posteriormente regresan o empeoran, también debe buscarse atención médica.
Finalmente, los especialistas recuerdan que los antibióticos no combaten los virus responsables del resfriado o la influenza. Su utilización debe responder a una evaluación médica que determine si existe una infección bacteriana que justifique su administración.




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