Los “Cadáveres Cívicos” y el riesgo de gobernar con metáforas de guerra
- Comunicado de Prensa
- Nov 1, 2025
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Por: Justiniano Díaz Maldonado
Ex Legislador Municipal de Ponce por el Partido Independentista Puertorriqueño
Luego de escuchar el pasado 28 de octubre el mensaje de logros de la alcaldesa Marlese Sifre Rodríguez, bajo el lema “Una Nueva Ciudad”, puedo decir que principalmente presencié un acto cuidadosamente producido, con un libreto ajustado a su retórica donde celebraba superávit, orden fiscal y la recuperación de la autoestima ponceña sin proveerle al público evidencia alguna contundente de las primeras dos. Sin embargo , lo más revelador del mensaje no estuvo en las cifras, sino precisamente en la retórica cuando la alcaldesa utilizó la expresión “cadáveres cívicos” para referirse a sus detractores.
La frase —tomada del urbanista Gil Peñalosa— describe, como ella explicó allí, a quienes “critican todo, no proponen nada y necesitan el conflicto para existir”. En la voz de Sifre, esa metáfora no fue un simple recurso literario; fue un diagnóstico moral y político sobre un sector de la ciudadanía. A partir de ese momento, la sala se dividió simbólicamente entre “los que construyen” y “los que estorban”.

El significado político del gesto
Como líder comunitario y político, no me interesa debatir si la alcaldesa tenía razón al señalar a quienes se oponen por inercia. Mi inquietud es otra: qué implica que un líder electo decida clasificar públicamente a sus críticos como cadáveres. La palabra mata simbólicamente al adversario: lo declara inútil, acabado, fuera del cuerpo vivo de la ciudad. No hay diálogo posible con un cadáver.
Es un recurso eficaz para movilizar a los convencidos, pero peligroso para la salud democrática. En lugar de invitar a la disidencia a transformarse en propuesta, la excluye del campo de lo razonable. Quien la cuestione, corre el riesgo de ser visto no como opositor, sino como obstáculo o hasta enemigo.
La administración Sifre se presentó en el mensaje y se presenta en sus redes sociales como moderna, gerencial y de resultados —y es justo reconocerle avances en limpieza y promoción turística—, pero ese mismo perfil tecnocrático corre el riesgo al cerrarse a la crítica. Cuando el discurso oficial convierte la disidencia en toxicidad, la transparencia se resiente.
La psicología pública del liderazgo Sifre
Desde el anfiteatro de la PHSU, Sifre proyectó seguridad, control narrativo y sentido de misión. Su tono fue el de una ejecutiva más que el de una política tradicional. Esa autopercepción de “gestora eficaz frente al caos heredado” explica el impulso de marcar distancia con todo lo que huela a obstrucción o duda.
En psicología política, ese tipo de liderazgo se caracteriza por tres rasgos:
1. Alta autoeficacia percibida: se ve a sí misma como quien “por fin pone orden”.
2. Baja tolerancia al disenso prolongado: percibe la crítica como ruido, no como aporte.
3. Necesidad de control del relato: busca moldear la conversación pública para que refleje su narrativa de progreso.
Son rasgos funcionales para ejecutar obras, pero problemáticos cuando se trasladan al campo del debate cívico. Porque una nueva ciudad no solo se construye con cemento y balances, sino con pluralismo y confianza pública.
Las implicaciones cívicas de la metáfora
El término “cadáveres cívicos” tiene un atractivo indiscutible: es breve, visual y contundente. Pero también es un arma retórica de destrucción simbólica. Al usarlo, la alcaldesa marcó un límite moral: hay ciudadanos válidos y ciudadanos que estorban. Esa división erosiona la idea de ciudadanía compartida, y sustituye el diálogo por la sospecha.
La ironía es que los verdaderos “cadáveres cívicos” no son necesariamente los que critican, sino los que renuncian a pensar por sí mismos, los que aceptan sin preguntar, los que prefieren la aclamación a la deliberación.
La lección política
No se trata de condenar la firmeza. Una ciudad en transformación exige decisiones, liderazgo, empuje. Pero esa firmeza debe coexistir con apertura. Si el adversario se convierte en “cadáver”, la política se vuelve guerra simbólica, y lo que se construye rápidamente puede derrumbarse lentamente por falta de consenso.
Para la administración de Sifre y para cualquier gobernanza local que aspire a largo plazo:
Sustituir etiquetas estigmatizantes por invitaciones específicas a participar.
Crear espacios formales de co-producción ciudadana.
Mostrar transparencia técnica.
Moderar retóricas que exaltan la certidumbre y minimizan el disenso.
Acepto sin problema que, tras mi análisis, algunos de sus fanáticos me pongan en la categoría de “cadáver cívico”. Sin embargo, prefiero eso a dejar de respetar la crítica libre. En una ciudad nueva, no todos los muertos son los que oponen: algunos son los que ya no piensan.
