RaiNao, el BSN y La Borinqueña: el himno que volvió al centro de la guerra cultural en Puerto Rico
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La interpretación de la versión revolucionaria del himno en un juego del BSN desató medidas legislativas, disculpas públicas y un debate sobre identidad, colonialismo y libertad de expresión.
La historia de un himno escrito en el siglo XIX regresó con fuerza al 2026. Bastó que la cantante urbana RaiNao entonara la versión revolucionaria de La Borinqueña en la apertura de un juego del Baloncesto Superior Nacional (BSN), en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, para que se activara una tormenta política y mediática sobre qué versión del himno “debe” sonar en eventos oficiales y quién decide qué es aceptable en los símbolos patrios.
El momento que encendió la polémica
El incidente ocurrió el 28 de marzo de 2026, antes del partido entre los Mets de Guaynabo y los Cangrejeros de Santurce. RaiNao, invitada a interpretar el himno de Puerto Rico, decidió cantar la letra original escrita por la poeta Lola Rodríguez de Tió en 1868, nacida al calor del Grito de Lares y conocida como el “Himno Revolucionario de Puerto Rico”.
Acompañada por un cuatrista, la artista entonó versos que llaman a “despertar” y “luchar”, escritos explícitamente contra la dominación colonial española, en contraste con la versión oficial de Manuel Fernández Juncos, adoptada en el siglo XX y centrada en la belleza de la isla y la figura de Colón. La escena quedó grabada, circuló en redes sociales y provocó reacciones inmediatas: desde aplausos por “recuperar la historia borrada” hasta denuncias de una supuesta “falta de respeto” al himno oficial.
Resoluciones, regaños y distancias oficiales
La respuesta política no se hizo esperar. El representante novoprogresista Jorge “Georgie” Navarro radicó en la Cámara de Representantes una resolución concurrente para censurar al BSN, argumentando que la interpretación de una versión no oficial del himno en un evento deportivo público constituía “una afrenta a los símbolos patrios” y una violación del protocolo que reconoce como himno oficial la versión adoptada en 1952.
En paralelo, el alcalde de San Juan, Miguel Romero, emitió expresiones de desaprobación hacia la organización de los Cangrejeros, señalando que en eventos masivos “se debe velar por la unidad del pueblo y evitar divisiones”, en referencia a la carga política del himno revolucionario. La franquicia y la liga se movieron rápidamente a marcar distancia: tanto los Cangrejeros como el BSN aseguraron que desconocían que RaiNao cantaría la versión revolucionaria y recalcaron que la liga “no respalda expresiones políticas” durante sus actos protocolares.
Una vieja herida: el himno que “apesta” y el que fue prohibido
La disputa actual no surge en el vacío. Ya en 2019 el rapero Residente había calificado el himno oficial como un canto que “apesta” y “es una vergüenza”, al criticar que la letra hable de Cristóbal Colón admirando las playas, y no de la historia de lucha del país. Ese mismo malestar de un sector del país es el que se expresa hoy en la defensa del himno revolucionario, considerado por el independentismo como “el verdadero himno” por su llamado a repetir el Grito de Lares y a “vencer o morir”.
Historicamente, la versión de Rodríguez de Tió fue censurada por las autoridades coloniales españolas y posteriormente desplazada por la letra de Fernández Juncos, vista como más aceptable para el nuevo orden bajo Estados Unidos. El gesto de RaiNao devuelve al espacio público un texto que, para parte del país, fue silenciado precisamente por ser demasiado claro en su contenido anticolonial.
Redes divididas: patriotas, colonialistas y libertad artística
En redes sociales, el episodio se convirtió en campo de batalla simbólico. Sectores anexionistas y conservadores acusaron a la artista de “politizar el deporte” y de “faltarle el respeto al himno oficial”, mientras exigían sanciones al equipo y a la liga. Del otro lado, voces independentistas y autonomistas celebraron la interpretación como un acto de memoria histórica y resistencia, recordando que la letra revolucionaria fue escrita para enfrentar a España y que ha sido cantada durante décadas en actos del movimiento independentista.
Videos del momento se viralizaron en TikTok, Instagram y YouTube, acompañados de hilos educativos que explicaban la diferencia entre ambas versiones, la censura histórica del himno revolucionario y el hecho de que, legalmente, solo la letra de Fernández Juncos es reconocida como oficial.
¿Quién decide qué himno es “aceptable”?
Detrás del titular deportivo se esconde una pregunta de fondo: ¿quién controla los símbolos y qué versiones de la historia caben en los espacios oficiales? Mientras figuras como Navarro plantean que usar una versión no oficial del himno rompe con la unidad nacional y el respeto a los símbolos, otros argumentan que el verdadero problema es que el Estado solo reconoce una narrativa —la colonial, pacificada— y margina la tradición de lucha por la independencia que encarna el texto de Rodríguez de Tió.
Analistas culturales han señalado que la reacción institucional contrasta con el hecho de que el himno revolucionario se enseña y discute en contextos académicos y artísticos, y que su interpretación por RaiNao no quebrantó ley alguna, sino que chocó con un consenso político no escrito sobre lo que se considera “apropiado” en un juego transmitido a todo el país.
Un espejo de la crisis política y de identidad
El portal Vitalpolitik, en una columna sobre el episodio, interpretó la actuación de RaiNao como síntoma de una crisis más amplia: un país atravesado por la austeridad impuesta, la migración masiva y la sensación de estancamiento colonial, donde los símbolos oficiales ya no logran representar la experiencia vivida de amplios sectores de la población. Desde esa óptica, recuperar el himno revolucionario en una arena deportiva sería una forma de decir que la historia de Puerto Rico no cabe del todo en una letra que agradece a potencias coloniales o que evita mencionar la palabra “independencia”.
A la vez, la reacción airada de sectores políticos y de parte de la opinión pública evidencia cuán sensible sigue siendo cualquier gesto que cuestione el relato oficial sobre la nación, el estatus y los símbolos. Lo que para unos fue un acto artístico y de memoria, para otros se leyó como una provocación ideológica incompatible con un espacio que conciben como “neutral”.
Un debate que apenas comienza
Lejos de cerrarse con la resolución legislativa o los comunicados del BSN, la controversia por el himno revolucionario parece haber reabierto una discusión dormida sobre qué himno representa mejor a Puerto Rico en pleno 2026. Entre quienes reclaman mantener intacto el texto oficial, quienes abogan por rehabilitar la letra de Rodríguez de Tió y quienes incluso proponen escribir un nuevo himno acorde con la realidad actual, el país vuelve a mirarse en el espejo de su canción patria.
Por ahora, la escena de RaiNao cantando “¡Despierta, borinqueño, que han dado la señal!” en un coliseo repleto, y la cascada de reacciones que siguió, dejan claro que La Borinqueña ya no es un simple protocolo antes del salto al centro: se ha convertido otra vez en uno de los principales campos de batalla de la guerra cultural puertorriqueña.




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